El 28 de mayo de 1935, Elena Caffarena, fundadora del Movimiento pro Emancipación de las Mujeres de Chile (MEMCH), elaboró una Carta para las Mujeres. En ella denunciaba a la sociedad patriarcal imperante que las mantenía excluidas de la participación social, económica y política. Y demandaba su emancipación de las cadenas civiles y jurídicas que impedían el goce pleno de sus derechos.

A 91 años de ese hecho histórico, y emulando la carta de Caffarena, nos reunimos como movimiento de mujeres y feministas en la Casa del MEMCH para elaborar una Carta Pública a las Mujeres de nuestro país. Lo hacemos para denunciar la violencia del actual contexto político y social en Chile, marcado por el avance de discursos autoritarios y regresivos que amenazan derechos fundamentales conquistados tras años de lucha colectiva y memoria. Valores democráticos por los que miles de personas fueron perseguidas, asesinadas y desaparecidas durante la dictadura cívico-militar iniciada en 1973.

Hoy las mujeres estamos siendo desproporcionadamente afectadas por los recortes y eliminación de derechos sociales anunciados por el actual gobierno, con impacto directo en nuestro acceso al trabajo, la salud integral, la educación pública y la gratuidad, las pensiones, la autonomía de nuestros cuerpos, la maternidad elegida, la preservación del medio ambiente, el acceso a viviendas dignas, y el derecho a una vida libre de violencias patriarcales.

Denunciamos públicamente a este gobierno de ultraderecha que impulsa medidas destinadas a favorecer escandalosamente a las clases dominantes, mientras nos niega la dignidad, la libertad y la justicia a las que tenemos derecho. No estamos dispuestas a aceptarlo, exigimos una sociedad donde impere una nueva distribución del poder político y económico, y donde los roles sociales sean plenamente igualitarios. No más dictadura con disfraz de democracia.

Nosotras, mujeres mayores, adultas, adolescentes y niñas; trabajadoras y sindicalistas; profesoras y educadoras de todos los niveles; profesionales y trabajadoras de la salud; estudiantes de instituciones públicas y privadas; cuidadoras y trabajadoras del hogar, remuneradas y no remuneradas; mujeres de los territorios; educadoras populares; defensoras de derechos humanos; defensoras del medio ambiente; acompañantes de procesos de aborto legal y mujeres que optan por abortos autogestionados; mujeres de pueblos originarios; campesinas y temporeras; pescadoras; mujeres migrantas; disidencias sexo genéricas; mujeres de las culturas y las artes, desde nuestras diversas realidades y opciones de vida, desde nuestras historias colectivas de lucha, nos convocamos urgentemente a trabajar unidas para detener la violencia ejercida desde el poder.

En el tercer milenio, las mujeres seguimos enfrentando desigualdades estructurales, continuamos siendo las más pobres entre los pobres, carentes de protección social para nuestra vejez, mientras los beneficios del progreso quedan lejos de nuestro alcance. Surgen nuevos retos, nuevas formas de violencia y nuevas realidades: * la inseguridad que vivimos cotidianamente las mujeres en nuestros hogares, barrios, espacio público y entornos digitales, donde la violencia machista se reproduce y adapta como expresión de violencia estructural y persistente; * la soledad y su impacto profundo y devastador en la salud mental de jóvenes y mayores; * la invisibilización de las viejas y de las niñas como sujetas de derecho; *las crecientes desapariciones forzadas de mujeres y niñas que se difuminan en la marea noticiosa cotidiana; * el creciente acoso y violencias en escuelas y universidades. Frente a ello, rechazamos los discursos de odio que buscan instrumentalizar la inseguridad mientras invisibilizan las violencias y discriminaciones que día a día experimentamos las mujeres.

Desde la resistencia feminista que hemos construido históricamente, que nos enlaza y nos da fuerzas, las convocamos a seguir organizadas, movilizadas y en resistencia.

Movimiento Feminista

28 de mayo, 2026.